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Argentina: David Cameron pidió más aviones y tropas

La Cancillería rechazó las declaraciones amenazantes del primer ministro británico sobre Malvinas

Héctor Timerman le pidió a Cameron que no utilizara los “legítimos y pacíficos reclamos” argentinos “contra la usurpación de parte de nuestros territorios” “como excusa para seguir sosteniendo la industria armamentista”.

“La Cancillería repudia las amenazas militaristas del primer ministro David Cameron relacionadas con la ocupación ilegal que Gran Bretaña ejerce sobre las islas Malvinas desde hace 180 años”, señaló el ministro de Relaciones Exteriores, Héctor Timerman, respondiendo a las declaraciones del primer ministro británico, David Cameron, quien aseguró que su “determinación es extremadamente fuerte” para defender las islas Malvinas y que para ello era “primordial que tengamos aviones de caza y tropas estacionadas” en el archipiélago. El político inglés contestó así con una amenaza al pedido de diálogo que realiza Argentina desde hace años y que fue reiterado la semana pasada por la presidenta Cristina Fernández de Kirchner al cumplirse los 180 años de la ocupación colonial inglesa la semana pasada. “Los pueblos necesitan más trabajo y menos guerras”, sentenció Timerman.

“Los argentinos solicitamos que el señor David Cameron no utilice los legítimos y pacíficos reclamos que realizamos contra la usurpación de parte de nuestro territorio y en contra del colonialismo como excusa para seguir sosteniendo la industria armamentista en lugar de paliar la severa crisis social por la que atraviesa Europa”, destacó Timerman en respuesta a las beligerantes declaraciones que Cameron realizó en una entrevista en la BBC londinense. Los dichos del primer ministro fueron una nueva respuesta a la carta enviada por Fernández de Kirchner al cumplirse un nuevo aniversario de la ocupación colonial que comenzó el 3 de enero de 1833. Cameron fue explícito al señalar que “por supuesto que lucharemos para mantener las islas”, ratificando las denuncias que llevó Argentina a la ONU acerca de la militarización de la zona a las que los ingleses siempre respondieron minimizando la situación.

Hasta el momento el intercambio de posiciones entre los dos países se había mantenido en el mismo sentido, aunque Cameron siempre subió un escalón en sus respuestas. Argentina exige que Gran Bretaña cumpla con las resoluciones emitidas por las Naciones Unidas en las que se reconoce a las Malvinas como un enclave “colonial especial”, y Gran Bretaña hace oídos sordos de los documentos emitidos por el organismo internacional. Desde 1960 al menos 39 resoluciones de Naciones Unidas proponen una mesa de diálogo bilateral entre ambos países para comenzar a resolver el conflicto, pero los ingleses se rehúsan. La carta que publicó la Presidenta en los diarios más importantes de Inglaterra recordaba la fecha en la que un buque de la corona británica expulsó “con armas” a los habitantes argentinos de las islas Malvinas e “inició un proceso de implantación de población similar al utilizado en otros territorios bajo dominio colonial”. A su vez, le recordaba que “en 1960 las Naciones Unidas han llamado a poner fin al colonialismo en todas sus formas”, y finalizaba el texto señalando que “en nombre del pueblo argentino le reitero nuestra invitación a que demos cumplimiento a dichas resoluciones”.

Cameron y Cristina Kirchner se cruzaron de manera informal en la cumbre del G-20 que se realizó en México en junio del año pasado. Allí el primer ministro inglés se acercó hasta la Presidenta y le dijo que Argentina tenía que respetar el referéndum que harán en marzo. Fernández de Kirchner le respondió entregándole un sobre con las resoluciones de la ONU sobre el conflicto, pero Cameron no las aceptó y se alejó irritado. La disputa por Malvinas pasó a ser uno de los caballitos de batalla del gobierno inglés para mantener la atención de los británicos en medio de la crisis económica mundial y una excusa para los militares que presionan para que no les bajen el presupuesto en Defensa. Pero también los recursos naturales fueron ganando ventaja en importancia y distintas empresas petroleras comenzaron a perforar en los alrededores de las islas buscando la materia prima para combustible, por ahora con resultados negativos. Hace unas semanas los ingleses le pusieron el nombre de “tierras de la Reina Isabel” al territorio de la Antártida que está incluido en el reclamo argentino.

La escalada que propone el gobierno británico fue desestimada siempre por Argentina, que en cada organismo internacional del que participó desde el 2003 reclama de forma pacífica y por la vía diplomática el cumplimiento de las resoluciones de las Naciones Unidas. “La agresividad de las palabras del primer ministro británico ratifica la denuncia realizada por la República Argentina ante las Naciones Unidas sobre la militarización del Atlántico Sur y la posible presencia de armas nucleares introducidas por la potencia colonial”, sostuvo la Cancillería en el comunicado luego de hacerse públicas las declaraciones de Cameron. Ya antes el gobierno británico había enviado un buque de guerra a las islas, y al propio príncipe de Inglaterra, William, para finalizar su preparación militar en momentos en los que se cumplían los 30 años de la guerra de 1982, que tuvo una duración de 74 días y finalizó con 649 soldados argentinos muertos y 255 ingleses. “Por supuesto que sí y tenemos importantes medios de defensa. Es absolutamente primordial que tengamos jets rápidos y tropas estacionados” en las islas Malvinas, puntualizó Cameron sobre la posibilidad de una guerra y agregó que “nuestra determinación es extremadamente fuerte y no hay que olvidar que tenemos el quinto presupuesto en defensa a nivel mundial”.

El planteo que despliega Cameron para defender el enclave colonial se basa en la “autodeterminación” de los isleños por elegir a qué país quieren pertenecer. Cada vez que toca el tema, el primer ministro británico les asegura a los habitantes de las islas que su gobierno defenderá su elección. Así fue como le respondió a la carta de la Presidenta, garantizando que iba a defender sus intereses “mientras ellos quieran seguir siendo británicos”. Pero las Naciones Unidas no los reconocen como pueblo en las mismas resoluciones en las que impulsan la salida negociada del conflicto bilateral. En los documentos emitidos por el Comité de Descolonización de la ONU plantean una mesa compuesta por representantes de ambos países y en ningún momento señala ni propone la participación de representantes de los moradores de las islas.

“Los pueblos necesitan más trabajo y menos guerras. Finalmente, la Cancillería argentina reitera la obligatoriedad del Reino Unido de aceptar las resoluciones de las Naciones Unidas de resolver la Cuestión Malvinas en forma pacífica”, finaliza el comunicado descartando y repudiando la posición británica que el gobierno conservador de Cameron impulsaba hasta ayer con baja intensidad.

Por Julián Bruschtein

En otra entrevista, Cameron fue muy duro con la Unión Europea

Una advertencia de los conservadores británicos

Por Marcelo Justo

Desde Londres

En medio del estancamiento económico, con peligro de recesión en el horizonte, el primer ministro británico, David Cameron, lanzó una ofensiva política con entrevistas centradas en la conflictiva relación del Reino Unido con la Unión Europea (UE). El primer ministro prometió un referendo sobre la relación con la UE, pero se negó a decir si la pregunta que se haría incluiría la posibilidad de abandonar la UE. Cameron le aseguró al ultraconservador Sunday Telegraph: “Entiendo muy bien las preocupaciones de los lectores, nosotros no estamos contentos con la relación actual con Europa, queremos un cambio”.

Cameron no quiso anticipar el contenido exacto del cambio que propondrá en un discurso muy esperado este mes sobre la relación con la UE; pero con el ojo puesto en un público más amplio que los naturalmente euroescépticos lectores del dominical, el primer ministro le explicó a la BBC que el Reino Unido tenía derecho a pedir una nueva relación. “Hay una gran transformación en marcha por la existencia del euro. La Eurozona tiene que cambiar para que la moneda común funcione. Tienen que integrarse más, con lo cual están cambiando la naturaleza de la organización a la que pertenecemos”, dijo Cameron.

Guardándose los ases debajo de la manga, el primer ministro anticipó que estaba dispuesto a apostar fuerte. “No sólo tenemos derecho a pedir el cambio sino que tenemos el poder necesario para exigirlo porque ellos mismos tienen que cambiar”, señaló. Sacando el barniz político y diplomático de sus palabras, la advertencia es clara: si no le permiten al Reino Unido cambiar su relación con la UE, el Reino Unido no le permitirá a la UE hacer los cambios que precisa para que funcione el euro. Estos cambios requerirán un nuevo tratado que debe ser aprobado por todos los miembros, condición que le da al Reino Unido y a cualquier otro país el poder de veto.

Este discurso duro, que suele caer muy bien entre los conservadores, tuvo límites. El primer ministro dejó en claro que el futuro del Reino Unido estaba en el interior de la UE, con la que realiza la mitad de sus intercambios comerciales, y no por fuera, como le está exigiendo el ala más euroescéptica de su partido. “Si dejamos la Unión Europea, no tendremos voz ni voto en este mercado clave para nuestros productos”, dijo Cameron.

Este 1º de enero se cumplieron 40 años del ingreso del Reino Unido a la entonces Comunidad Económica Europea y en la última encuesta al respecto, una mayoría de los británicos opinaba que el Reino Unido tenía que separarse de la UE. Cameron suma a este aparentemente instintivo e insular euroescepticismo nacional el reto del Partido por la Independencia del Reino Unido, el decididamente antieuropeísta UKIP, que en un sondeo dado a conocer este domingo alcanzó un histórico apoyo del 16 por ciento del electorado.

El crecimiento del UKIP ha dado alas a los euroescépticos conservadores que están impulsando un referendo sobre la pertenencia británica a la UE. Los euroescépticos promueven una relación con la UE similar a la de Suiza, que mantiene una relativa autonomía en relación con las regulaciones europeas, pero forma parte del mercado común. El primer ministro prometió que le ofrecería al electorado una “opción muy clara”, pero indicó que no revelaría hasta su discurso este mes si esta elección sería entre ser o no ser parte de la UE. “Lo que les puedo asegurar es que en la próxima elección el Partido Conservador será el que ofrezca una opción real respecto de nuestra relación con Europa”, dijo Cameron.

fuente: Página 12
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