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Recuerdos de mi Padre

Julio Yao

Julio Yao

M i padre, Carlos Yau, cuyo nombre original era Yau Kah Shun, pertenecía a la nacionalidad Hakka, gente guerrera que desde el siglo XII empezó a migrar desde el Norte y el centro de China y se asentó en el Sur, proyectándose hacia las provincias de Kwangsi y Kwangtung y las costas, Taiwán, Hong Kong, Singapur, Tailandia, etc. Los Hakka se abrieron paso entre los pobladores locales por la vía de la diplomacia o de las armas. Integran la rama dominante de los Han. Tienen idioma, literatura, arquitectura, filosofía y cultura propia. Algunas de sus construcciones, ejemplarizantes de su total armonía con el medio ambiente, han sido premiadas como Patrimonio de la Humanidadpor UNESCO.

Los Hakka, patriotas y justicieros, llevaron el peso de la resistencia china a la colonización y ocupación europea y estadounidense durante las Guerras del Opio (iniciadas en 1840) y la Rebelión de los Taiping en la segunda mitad del siglo XIX, que provocó olas migratorias de chinos al resto del mundo, incluida Panamá. Los Hakka eran de elevada estatura y practicaban asiduamente las artes marciales.

Fue el embajador de Yugoslavia en las Naciones Unidas, don Ignacio Golob, quien, estando en México como embajador de su país allí en 1975, se interesó, al ver nombre de mi padre en la dedicatoria que le hice a mis progenitores en mi libro, El Canal de Panamá, Calvario de un Pueblo. Ignacio había sido embajador de su país en la República Popular China, donde hizo un doctorado precisamente con un trabajo de graduación centrado en los Hakka.

Mi padre era el ciudadano chino más alto de Panamá: medía casi siete pies. De sus manos enormes conocí a casi todos los paisanos de la época, de cuyos contertulios y costumbres fui testigo. Podía entrar libremente a las cocinas de todos los restaurantes. Era muy fuerte, delgado, sencillo y elegante en el vestir. Prefería el color blanco liso, especialmente en las camisillas. Era hombre de pocas palabras, más bien hermético, sumamente trabajador, respetuoso y cordial con todos, ricos o pobres. Lo veía levantar un quintal con una sola mano con gran facilidad, y era lo más normal ver a mi papá entregado a la concentración, la meditación y la contemplación. Jamás le escuché proferir alguna grosería o vulgaridad.

Recuerdo (yo tendría cuatro o cinco años) una foto de mi padre asomado al balcón de una enorme casa de dos plantas en China. ‘¿De quién es la casa?’, le pregunté. ‘De nosotros, de mi familia, pero los comunistas nos la quitaron’. Creo que fue la primera lección de política que me dio.

En casa únicamente recuerdo una foto colgada en la pared, del ‘Generalísimo’ Chiang Kai Shek, quien se había refugiado en Taiwán perseguido y derrotado por los comunistas, así como la efigie de un enorme Buda sonriente de porcelana sobre quien jugueteaban decenas de niños. No había efigies, imágenes de santos, dioses, nada de eso.

‘Es tu tío’, me dijo una vez, señalando a Chiang Kai Shek, dándome la segunda lección política, y eso me hizo sentir orgulloso, porque era un caudillo militar. Le pregunté: ‘Y si ése es mi tío, entonces, ¿qué hace usted aquí?’. Claro que a esa edad yo desconocía todo sobre la contienda entre el Kuomingtang (Partido Nacionalista) del General Chiang y la revolución de Mao Zedong. No me respondió.

RECUERDOS DE MI PADRE (II)

–          Por Julio Yao Villalaz –

Los Hakka han producido militares, revolucionarios, artistas, líderes políticos y estadistas sobresalientes, como Hong Xiuquan, líder de la Rebelión Taiping, levantamiento campesino que dejó 30 millones de muertos (1850-1864); Sun Yat Sen, fundador de la República China (1911); Soong Ching-Ling, esposa de Sun y Presidenta de la República Popular China; Soong May-Ling, hermana de la anterior y esposa de Chiang Kai-Shek (Taiwán); Deng Xiaoping, expresidente  de la Comisión Militar Central de la República Popular China y responsable de la apertura económica y reforma de China Popular; Li Peng, exprimer ministro y presidente del Congreso Nacional Chino; Tung Yau, célebre matemático; Chow Yun-Fat, actor y exponente de artes marciales; Lee Kwan Yew, exprimer ministro de Singapur, entre otros.

Los Hakka son famosos por su  capacidad combativa y tenacidad.  Crearon decenas de escuelas y cientos estilos de Kung Fu, uno de los  cuales dio origen al Karate de Okinawa.   Por ejemplo, el instructor de Bruce Lee, el maestro Yip Man,  era Hakka, y fue el primero en enseñar el estilo Wing Chung a personas no pertenecientes al círculo, lo cual era prohibido por tradición.

Los Hakka, que establecieron sociedades patrióticas secretas para defender a China  tanto de los Mongoles como de los manchúes de la dinastía Qing, desarrollaron el Kung Fu a los más altos niveles y lo perfeccionaron para enfrentar a las tropas del imperio, pero sólo combatían en defensa propia.

La única vez que vi a mi papá utilizar la fuerza fuera de su trabajo, fue para doblegar a un malhechor que se introdujo en  casa, a quien dominó sujetándolo por el brazo..

Mi hermano Yau Amak, quien vino de China, neutralizó a mano limpia a varios maleantes que entraron a su negocio.  Claro que Amak, militar entrenado, había sido declarado Héroe Nacional de la República Popular China, tras su participación contra la invasión de Estados Unidos durante la Guerra de Corea de 1950 a 1953.  Había sido  asignado a la defensa del  aeropuerto de Pyongyang en el norte de la península como  responsable de   meteorología y telegrafía.

De mis otros dos hermanos en China, uno era piloto de la Fuerza Aérea del Ejército Popular de Liberación (EPL), en tanto que mi hermana era profesora de inglés.

Fue el Dr. Carlos Alfredo López Guevara quien me habló una vez de mi papá:

“El señor Carlos era un hombre muy culto y refinado.  Nuestras familias – que eran muy unidas — compartían un mismo callejón en Pocrí de Aguadulce.  Tú mismo naciste en mi casa.  Recuerdo a tu papá cuando movía su auto, siempre ocupado en el negocio.  Pero permanentemente escuchábamos la ópera china porque tu papá la escuchaba con su tocadisco.  La música viajaba por el corredor,  Yo era un muchacho entonces y le cargaba agua en lata para tu papá, quien me pagaba 25 centavos por llevarla de la bomba a tu casa.”

La casualidad del destino hizo que el Dr. Carlos Alfredo López Guevara fuera designado como el primer Ministro de Relaciones Exteriores en el gobierno del general Omar Torrijos; de que fuera mi profesor de Derecho Internacional Público y de que, como mi “padrino” autodesignado, gestionara por mi liberación de la Cárcel Modelo,  en la que fui consignado y castigado a raíz del golpe de Estado del 11 de octubre de 1968.  (Continuará)

*  El autor es diplomático y escritor.

Julio Yao
Profesor de Relaciones Internacionales y ex Asesor de Política Exterior de Panamá durante las negociaciones con Estados Unidos para un nuevo tratado del Canal (1972-1977);  ex Vicepresidente por Panamá en el Comité Ejecutivo del Movimiento Continental de Unidad Latinoamericana (1976-1992); ex colaborador de Amnistía Internacional para Latinoamérica; miembro fundador del Comité para la Defensa de los Derechos Humanos en Centroamérica (CODEHUCA) (1978);  Presidente del Servicio Paz y Justicia en Panamá (Serpaj-Panamá), fundador de la Coordinadora Nacional para la Defensa de Tierras y Aguas (CONADETIAS), del Comité pro Cierre de Mina Petaquilla y del Comité Panameño por la Paz.
Julio Yao es además escritor, columnista y poeta, autor de numerosas obras sobre el Canal, política internacional y las relaciones internacionales, y ha dictado conferencias en numerosos países. Yao preparó una demanda de Panamá contra Estados Unidos ante la Corte Internacional de Justicia de La Haya (1988-1989) por agresión e intervención durante la crisis previa a la invasión de Estados Unidos a Panamá del 20 de Diciembre de 1989, una agresión de la cual ha realizado investigaciones.
Yao ha ganado dos concursos nacionales de ensayo sobre Mahatma Gandhi (1986-1987);  un concurso de ensayo sobre Harmodio Arias y las Relaciones Internacionales (1987); y dos concursos nacionales de décimas sobre el Canal y temas patrióticos (1998-1999). Tiene grabado un disco de  décimas (LP) en la voz de la declamadora colombiana, Dora Alexandra, “Lloras, Panamá Querida”.
Algunas de sus obras son: El Canal de Panamá, Calvario de un Pueblo (1972, 1974); Alto a la Humillación (1978); La Virgen del Valle de la Media Luna (1986);  Las Armas de Gandhi (1987);  La Guerra de Irak:  ¿derecho o agresión? (1992); El Discurso que irritó al Gobierno Panameño (2009).
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