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Conferencia Continental: Alternativas a la militarización imperialista

Por: Rina Bertaccini*

Hoy en América Latina pueblos diversos y países diferentes, gobiernos de distinto signo, en un proceso no exento de contradicciones, con avances y retrocesos, buscan con empeño caminos de liberación. Descubren que sí se puede enfrentar la opresión y que la integración con soberanía es una herramienta eficaz para fortalecer la lucha contra la militarización imperialista. Están a la vista las experiencias de Unasur, del ALBA, del CELAC en formación; la acción mancomunada en foros internacionales, la denuncia del papel de las bases militares extranjeras en la estrategia  imperial de dominación y, en particular los esfuerzos por elaborar y poner en práctica concepciones propias sobre seguridad y defensa nacional que ponen en cuestión la doctrina militar norteamericana. Todo ello se corresponde con los intereses y las legítimas aspiraciones de los pueblos de la región.

Precisamente, para contrarrestar ese fuerte impulso renovador que recorre nuestra América, se han remozado y puesto en ejecución  nuevos planes del poder imperialista –en los que incide fuertemente el Complejo Militar Industrial de los EEUU- para la recolonización del continente.  Así, en medio de una crisis general de gran magnitud, lucha encarnizadamente por defender cada uno de sus enormes privilegios, y  con la complicidad de las derechas conservadoras, ha lanzado una brutal ofensiva ideológica, política, económica y militar, que la blanca sonrisa de Obama no consigue ocultar.

Y aunque éste no es el eje de la presente ponencia vale la pena señalar como un dato revelador que en los últimos dos años prácticamente se han duplicado las bases militares y la presencia de tropas extranjeras más o menos permanentes en diversos países de América. Estamos hablando de bases y efectivos militares  de Estados Unidos, pero también de otros Estados miembros de la OTAN como Francia y Gran Bretaña, incremento que se verifica especialmente en América Central y el Caribe, en Panamá, en Colombia y en Perú, para hablar de los casos más evidentes.

Es cierto que este proyecto de restauración conservadora en América Latina se había iniciado durante el gobierno de George W. Bush, pero es durante la presidencia de Barack Obama que toma una gran dimensión. La nueva administración aumentó los gastos de guerra hasta devorar la mitad de su presupuesto anual; junto con los países de la OTAN sigue desplegando las flotas de guerra así como las bases y las instalaciones militares por todos los mares y en los cinco continentes. Y, claro, no cumple sus promesas respecto de Guantánamo o Afganistán, tampoco sus bonitas palabras sobre la paz en Medio Oriente.

La búsqueda de alternativas

Como parte de los movimientos sociales y fuerzas políticas que nos oponemos activamente a la dominación imperialista, nosotros en el Mopassol tenemos claro que la resistencia de los pueblos a la guerra y la militarización imperial no es un hecho nuevo. La memoria del Consejo Mundial por la Paz guarda experiencias inolvidables como la lucha del pueblo vietnamita y la solidaridad mundial con ese pueblo heroico que supo derrotar la agresión de tres grandes potencias, para mencionar una gesta que hoy nos sigue inspirando.

Muchas otras experiencias que se han vivido en nuestro país y en el mundo muestran que no es nuevo el accionar de los pueblos por la paz, pero lo que queremos expresar aquí es que en la actualidad y particularmente en nuestra región hoy se desarrollan nuevas condiciones favorables para avanzar en esa lucha. Una de ellas es el crecimiento del sentimiento y la conciencia antimperialista en vastos sectores populares, lo cual se manifiesta en la conformación de gobiernos que expresan –aunque en diverso grado- significativas contradicciones con las políticas imperiales.  Y se refleja también en los nuevos procesos de integración regional y en las tendencias que afirman la unidad latinoamericana y caribeña.

Al respecto, en un trabajo elaborado como contribución a los debates sobre “Integración regional: una nueva oportunidad frente a la crisis” (en junio de 2009) sosteníamos que “la crisis general que hoy atraviesa el sistema político y social imperante es también una buena oportunidad para discutir estrategias de los pueblos destinadas a avanzar desde la soberanía y la integración en la búsqueda de alternativas a los problemas más urgentes de las mayorías populares”. Y agregábamos: “esta búsqueda que ha de extenderse a todos los campos de la vida económica, política, social y cultural es particularmente válida en lo que se refiere a las acciones y estrategias destinadas a enfrentar las políticas imperiales de guerra y militarización que venimos denunciando como parte inseparable de la estrategia integral de dominación y explotación de nuestros pueblos”.

Entendemos que hoy se han abierto nuevos caminos para enfrentar la estrategia imperial en el plano militar y en particular para la denuncia y rechazo de las doctrinas de seguridad y defensa elaboradas por el Pentágono.  El Consejo de Defensa Sudamericano, creado por la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) en diciembre de 2008, es un buen ejemplo a analizar. Lo es también la defensa de la institucionalidad democrática en Bolivia, y la investigación de la masacre de Pando, resuelta asimismo por Unasur. Otras medidas adoptadas por países de la región como la determinación del gobierno ecuatoriano de poner fin al uso por el gobierno de Estados Unidos de la base de Manta, o la decisión del gobierno argentino de re-estatizar la Fábrica Militar de Aviones en la provincia de Córdoba (que con la anterior política de privatizaciones había sido concesionada a la empresa norteamericana Lockheed Martín una de las principales proveedoras del Pentágono), son parte de nuestra reflexión.

Dijimos entonces y lo reiteramos aquí que consignar estos hechos positivos y reconocer las posibilidades de avance y diálogo constructivo con diversos gobiernos de la región de ninguna manera presupone renunciar al reclamo por otras situaciones pendientes. Por el contrario, para seguir avanzando es imprescindible insistir, por ejemplo, en el rechazo a  las maniobras conjuntas de fuerzas latinoamericanas bajo la dirección del Pentágono yanqui;  insistir en el retiro de las tropas extranjeras de Haití, reemplazándolas por personal de salud, educación y técnicos en diversas ramas. Y seguir trabajando por el desmantelamiento de todas las bases militares imperialistas emplazadas en nuestros países.

Es interesante asimismo tomar en cuenta algunos hechos ocurridos en el período previo a la decisión de Unasur de establecer sus propias políticas de seguridad y defensa, en particular aquellos que ponen en duda el sistema mismo de seguridad implementado según las concepciones del Pentágono. Un ejemplo concreto de a quién protege esa “seguridad hemisférica” estuvo a la vista durante la Guerra de Malvinas cuando, haciendo caso omiso del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), Washington se alineó con la Corona Británica contra los derechos soberanos de Argentina en los archipiélagos del Atlántico Sur. Algo parecido podría decirse del famoso Tratado de No Prolferación Nuclear (Tratado de Tlatelolco) que por cierto no sirvió para desarmar a la principal potencia bélica mundial (Estados Unidos) sino para consolidar su monopolio nuclear.

Este puede ser el momento de cuestionar las atribuciones de la Junta Interamericana de Defensa y revisar el papel de las Conferencias de Ministros de Defensa de las Américas nacidas en 1995 como parte de la estrategia norteamericana para imponer el ALCA en todo el continente. Al respecto existe un valioso antecedente: hace pocos días  el Consejo de Defensa Suramericano aprobó en Lima la moción argentina de requerir a los cancilleres de los países de la Unasur que soliciten a la OEA la convocatoria de una Conferencia especial para tratar la revisión de todo lo que es el sistema interamericano de defensa. En una declaración a la prensa el Ministro Puricelli apuntó que es necesario “superar un sistema interamericano concebido en función de los intereses de países no suramericanos”, como Estados Unidos y Canadá, mediante una reformulación global que contemple “la visión de la Unasur”.

El Consejo de Defensa Sudamericano

El CDS se constituye en 2008 con los ministros de Defensa de los doce países de Unasur (Argentina, Brasil, Bolivia, Colombia, Chile, Ecuador, Guyana, Surinam, Paraguay, Perú, Uruguay y Venezuela)  con el objetivo declarado de “fortalecer la confianza mutua mediante la integración, el diálogo y la cooperación en materia de defensa buscando avanzar en una política común de Defensa para el continente”.

Ante el hecho muchos se preguntaron si se ponía en marcha una nueva concepción de la Defensa en Sudamérica. De las declaraciones de distintos ministros del área fueron surgiendo, entre otras, algunas precisiones:

  • El CDS no supone una alianza militar convencional, como la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), sino un foro para promover el diálogo entre los ministerios de Defensa de la región.
  • La propuesta es crear un mecanismo de integración que permita discutir las realidades y necesidades de Defensa de los países suramericanos; reducir los conflictos y desconfianzas, y  garantizar la estabilidad en una región codiciada por sus importantes reservas de agua, recursos energéticos y alimentos, así como “prevenir” situaciones de conflicto.
  • Se postula el reconocimiento de la subordinación constitucional de las instituciones de la Defensa a la autoridad civil legalmente constituida, así como el fomento de la defensa soberana de los recursos naturales de nuestras naciones.

Por nuestra parte consideramos muy interesante la iniciativa del gobierno Argentino, oportunamente presentada a los Ministros de Defensa de Unasur, de crear un Centro de Estudios Estratégicos para la Defensa (CEED). Un Centro cuyo objetivo primario fuera la generación y difusión de un pensamiento geoestratégico auténticamente sudamericano, que contribuya a la construcción de una identidad sudamericana y a la consolidación de la región como una Zona de Paz; y que funcionaría bajo la directiva y al servicio del Consejo Sudamericano de Defensa. Ese CEED se acaba de inaugurar la semana pasada en Buenos Aires con una Conferencia Internacional en la que participamos y cuyas conclusiones generan amplias expectativas.

El gobierno argentino propuso también promover el establecimiento de un Colegio Sudamericano de Defensa. De concretarse esta idea ya no habría argumentos para que los países de la región siguieran enviando sus efectivos a capacitarse a la tristemente célebre Escuela de las Américas, escuela de asesinos a la que ya algunos países han dejado de concurrir.

Por lo dicho hasta aquí es razonable concluir que se ha inaugurado en América del Sur una nueva perspectiva de lucha contra la estrategia imperial de guerra y militarización; una posibilidad de avanzar, por ejemplo, en la resolución pacífica de los conflictos  sin renunciar a la soberanía de los pueblos y países del área. Así lo demostró el exitoso tratamiento de la controversia entre Ecuador y Colombia en la reunión del Grupo de Río a raíz de la incursión militar colombiana en territorio ecuatoriano en marzo de 2008.

La fortaleza militar de la OTAN en Malvinas                                                                y la descolonización del Atlántico Sur

En ese contexto, creemos que es el momento de llevar a cabo una fuerte ofensiva político-diplomática que seguramente contaría con el compromiso de las fuerzas populares de Argentina y de toda Latinoamérica para acabar con esa rémora del siglo XIX que es la ocupación colonial de las Islas Malvinas y otros archipiélagos del Atlántico Sur por parte de la Corona Británica.

Y en virtud de los objetivos declarados por Unasur, así como por la práctica desplegada en su corta existencia, es probable contar con el apoyo de esta nueva experiencia latinoamericana de integración, y no solamente por solidaridad, sino además porque la gran Fortaleza militar con aptitud nuclear, instalada por la OTAN en 1985 en nuestras Malvinas constituye un peligro real para todos los países de la región. No tenemos duda de que también nos apoyarán los gobiernos del ALBA y los países latinoamericanos que integran el Comité de Descolonización de las Naciones Unidas, como esperamos que lo haga el nuevo agrupamiento en vías de institucionalización conocido por la sigla CELAC.

La Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños

“El progresivo desprestigio del papel desempeñado por la Organización de Estados Americanos (OEA) en el proceso político regional” ya  señalado por distintos investigadores, así como “la persistente erosión de la hegemonía norteamericana en la región” -de la que nos habla el sociólogo Atilio Borón- conforman el escenario en el que toma cuerpo la idea de avanzar hacia la creación de una organización de integración regional con todos los Estados del continente menos Estados Unidos y Canadá.

La declaratoria de creación de esta Comunidad fue aprobada por aclamación por los 25 presidentes que hasta aquí conformaron el  Grupo de Rio y la Cumbre de América Latina y el Caribe para la Integración y Desarrollo (CALC). Ambos mecanismos se fusionan ahora en la CELAC.
Entre los principios que regirán al nuevo esquema figuran el respeto al
derecho internacional; la igualdad de los estados; no uso ni amenaza de la
fuerza; democracia; respeto a los derechos humanos; respeto al medio
ambiente; cooperación internacional para el desarrollo; unidad
Internacional, y un diálogo que promueva la paz y la seguridad regionales, así como la promoción de mecanismos de solución pacífica de controversias.

La lucha contra la militarización y la guerra no acabó

Como queda dicho, al hablar de estas nuevas posibilidades para la batalla por la paz, no estamos pensando en esperar que la situación evolucione por sí misma, sino todo lo contrario. Es el momento de ir por más. Porque el imperialismo no abandona su estrategia. La política de guerra, y saqueo de nuestros pueblos es inherente a su propia naturaleza.

Tenemos pues por delante una fuerte batalla contra la militarización imperialista y en particular por la abolición de todas las bases militares extranjeras lo cual implica lograr la más amplia movilización popular alrededor de ese objetivo.

Como dice Eduardo Galeano, en estos tiempos “América Latina está exorcizando la cultura de la impotencia”. Nosotros y nosotras, desde la pluralidad de nuestras identidades y nuestras luchas, aspiramos a ser parte activa de ese  proceso de cambios que, en medio de contradicciones, avances, retrocesos y nuevos peligros continúa desarrollándose en este continente de la esperanza.

Buenos Aires, 30 de mayo de 2011

Presidenta del MOPASSOL – http://www.mopassol.com.ar/archives/248#more-248

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