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Comunicado: América Latina por su segunda independencia

América Latina ha sido considerada, tradicionalmente, por Estados Unidos, como su patio trasero. Tras lograr su independencia del dominio colonial español, brasileño, británico y francés, a la América Latina le quedaba la conquista de su independencia económica del imperialismo anglo-americano.

Esta segunda independencia fue saboteada de muchas maneras, a menudo recurriendo a los golpes de Estado y a la injerencia en los asuntos de las naciones latinoamericanas.

Tras la desaparición de las dictaduras fascistas del continente promovidas por Estados Unidos, reaparecieron las democracias formales con sistemas multipartidistas. Sin embargo, décadas de dictadura habían hecho retroceder las conquistas sociales y reprimir a los movimientos populares hasta tal punto, que su recuperación fue lenta y no exenta de muchas dificultades ocasionadas por los vestigios de las dictaduras que se conservaban en los nuevos regímenes democráticos.

Con el nuevo siglo XXI, los vacilantes regímenes democráticos dieron lugar a gobiernos de izquierdas, con una nueva generación de políticos y fuerzas sociales que traducían el nuevo empuje popular frente a la década neoliberal precedente.

 

Esos gobiernos se han concretado en los de Hugo Chávez en Venezuela, Nestor y Cristina Kirchner en Argentina, Luiz Inácio Lula y Dilma Roussef en Brasil, Rafael Correa en Ecuador, Evo Morales en Bolivia, Daniel Ortega en Nicaragua, Tabaré Vázquez y José Mújica en Uruguay, Manuel Zelaya en Honduras y Fernando Lugo en Paraguay.

 

Con estos gobiernos progresistas, contando, además, con los 50 años de Cuba socialista, empezaba a cuestionarse la hegemonía de Estados Unidos en el continente americano y sus planes de expansión económica.

Nacían nuevos mecanismos de integración regional, como el Mercosur, la Unasur y el ALBA, que prescindían de Estados Unidos y de su influencia para constituirse en bloques regionales integrados abiertos al mundo.

Ante esta situación, Estados Unidos redobló sus esfuerzos para expandirse hacia el sur del continente, a través de alianzas económicas (NAFTA), políticas (OEA, Cumbre de las Américas) y militares (a propósito de la lucha contra el terrorismo y el narcotráfico).

Esta injerencia norteamericana encontró en el presidente de Colombia Álvaro Uribe una pieza fundamental para fomentar la desestabilización de la región, así como el militarismo y el paramilitarismo, bajo la presidencia estadounidense de George W. Bush.

Durante la presidencia de Barack H. Obama, la injerencia norteamericana en la región utilizó mecanismos más sutiles, aunque no por ellos menos lesivos para la soberanía de los países y criminales.

Obama, sin prescindir de la presión militar mediante los planes “anti-narcotráfico”, ha seguido valiéndose de la presión diplomática y del espionaje para alterar los estados de opinión y generar  grupos de presión a favor de los intereses económicos y políticos del imperialismo norteamericano.

La política de Obama hacia América Latina se ha materializado en golpes de Estado “blandos”, valiéndose de pretextos legales, para cambiar los gobiernos progresistas de Honduras y de Paraguay.

En el caso de Fernando Lugo, además, hay que tener en cuenta lo sospechoso que resultó el cáncer que superó en 2010, y que coincidió con el diagnóstico de cáncer a los presidentes latinoamericanos Hugo Chávez y Luiz Inácio Lula, así como a Cristina Kirchner, aunque en el caso de esta presidenta luego se desmintió que fuera cáncer la enfermedad que se le diagnosticó.

Los golpes “parlamentarios” en Honduras en 2009 y en Paraguay este mismo año, hechos bajo el manto de la legalidad, no pudieron ocultar el carácter nocturno y alevoso con el que se gestaron, en 24 horas y falsificando pruebas.

En el caso de Honduras, el golpe parlamentario dio lugar a un estado de excepción, y al aislamiento internacional del país, con centenares de represaliados y la quiebra social y económica del país.

En el caso de Paraguay, el presidente destituido, Fernando Lugo, trató de impedir un enfrentamiento civil, y que el trastocamiento del orden institucional no conllevara el aislamiento del país con su corolario de sanciones económicas; de todas formas, la medida adoptada por el parlamento paraguayo obtuvo el rechazo de la mayoría de los países latinoamericanos.

Estados Unidos no ha desistido de seguir haciendo de América Latina su patio trasero, donde tenga gobiernos sumisos y clientes de sus multinacionales, en detrimento de la soberanía y el bienestar de los pueblos, apuntalando su injerencia con bases militares.

La injerencia de Estados Unidos en Latinoamérica es directamente responsable del aumento del narcotráfico y del crimen organizado, así como del retraso económico, social y cultural de los países, y su objetivo es impedir que estos pueblos alcancen su plena soberanía y la administración de sus recursos.

Para Estados Unidos, la aparición de una América Latina fuerte y soberana supondría un golpe mortal a sus ambiciones hegemónicas en el mundo, por lo que seguirá insistiendo en sus planes de injerencia en la región mientras su gobierno esté en manos del capitalismo transnacional.

 

Plataforma No a la Guerra Imperialista (06-09-2012)

PLATAFORMA NO A LA GUERRA IMPERIALISTA

noalaguerraimperialista@hotmail.es
noalaguerraimperialista@gmail.com

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