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No elegimos el país donde nacimos

“No elegimos mucho en esta vida. Pero sí podemos elegir como reaccionamos frente a tantas injusticias que vemos en nuestras comunidades y en el mundo”

No elegimos el país donde nacimos. A veces nuestros papas lo eligen, pero eso no pasa con frecuencia.  Yo nací en California, en los Estados Unidos,  soy hija de padres cuyos abuelos todos nacieron en el extranjero. Desde que tuve nueve años, tal vez antes, he tenido una inquietud sobre la política del país donde nací.

A los nueve años, una profesora que estaba enseñando en mi escuela, como visita de Japón, nos mostró un video explicando las explosiones de las bombas en Hiroshima y Nagasaki. Lloraba y lloraba al ver la cantidad de destrucción, dolor, y muerte que causaron esas bombas, hasta que mi profesora me mandó a callar por toda la bulla que hice con mis chillidos.

Comparto esto,  quiero hablar de Japón, pero sí demostrar cómo un proceso de politización puede empezar en el corazón de una niña que vive bajo un gobierno que ha construido su riqueza y poder  a base de su imperialismo en el mundo.

Ahora, quiero hablar de Chile. Hace tres meses, fui a este país como activante (una palabra que combina dos palabras “pasante” y “activista”) con el Observatorio para el Cierre de la Escuela de las Américas (SOA Watch en inglés).

El movimiento para poner fin al militarismo en las Américas, y en el mundo, es mucho más amplio que el Observatorio. Sin embargo, ellos proveyeron una plataforma para mi hacer trabajo de colaboración voluntaria en Chile durante estos meses.

Trabajaba con el coordinador del Equipo Sur de SOA Watch, Pablo Ruiz, que vive en Santiago, con otra activante pero de Venezuela, Marlin Rodríguez.  Tal como me enseñó sobre la realidad japonesa esa profesora cuando yo estaba en el quinto grado, desde su perspectiva como japonesa, Pablo y Marlin me enseñaron mucho sobre las realidades de la lucha contra el imperialismo en sus países, un imperialismo que viene principalmente de los Estados Unidos.

Se me pidió describir mi experiencia en Chile. De lo que yo he visto, siento que viene otra revolución en Chile, empujada por la gente joven que no vivió el terror de la dictadura militar. A los pies de sus padres, sin embargo, han ido aprendiendo de todas las injusticias de esa época, y han vinculado sus experiencias que viven hoy en día con la trayectoria que empezó cuando derrumbaron con tanta violencia el gobierno de Salvador Allende en el año 1973.

Ellos han visto, igual que a sus padres, que la democracia es una farsa, cuando hay más de 75 personas que han sido asesinadas, cuando la constitución no ha cambiado mucho, cuando las políticas de educación y la ley antiterrorista siguen iguales. Comprobado con el bajo nivel de aprobación del gobierno de Sebastián Piñera, la gente joven ya no confía en el Estado chileno para alcanzar sus necesidades básicas.

Muchos prefieren buscar alternativas y autodeterminación fuera del sistema. Por eso, han sido criminalizados y objetos de montajes, como en el Caso Bombas, que con gran victoria dejó a los compañeros absueltos. Pero queda la pregunta, ¿cuáles medidas están tomando el gobierno y la sociedad civil para asegurar que esto no pase otra vez?

Con todas las luchas que viven las personas en esa región, sobre todo de los estudiantes, obreros, y pueblos originarios que no han parado de luchar por siglos, no basta con un análisis que culpa solamente el Estado chileno. Todos sabemos que los Estados Unidos siguen metido en los asuntos de Chile, creando una dependencia a través de más de cuarenta años que conviene las elites de los dos países.

Nixon lo dejó muy claro que quería que Allende fuera derrocado  y el gobierno de los Estados Unidos ayudó a orquestar el golpe, se quedó para dar consejo económico y político para asegurar que sus intereses neoliberales tuvieran éxito en Chile y territorio Mapuche. Esto se evidencia con la cantidad de tratados de libre comercio que tienen los dos países, el modelo de escuelas “chárter” que están más y más popular en Chile, las compañías forestales, hidroeléctricas, y mineras que sacan los recursos de la región sin importar ni la naturaleza, ni los deseos los verdaderos dueños de la tierra,  ni la seguridad y buenvivir de las personas que trabajan en esas industrias o viven en estas comunidades.

En Chile, por cada injusticia existe una respuesta. Las personas están saliendo a las calles y no estarán callados. Todo el mundo les está mirando para buscar energía de lucha, como tenemos tantas luchas para llevar en todas partes.  Vi un pedazo de esperanza de que todas las generaciones pudieran trabajar juntos en organizaciones como CODEPU y la Comisión Ética Contra la Tortura, que buscan la justicia por los jóvenes que han recibido  golpes y tiempo encarcelados por ejercer su derecho de manifestarse desde el año pasado.

Como me dijo una vez un amigo sindicalista, los derechos hay que ejercerlos o los perdimos. En otros países, hemos olvidado de esto, y nos echamos la culpa a nosotros mismos cuando no lleguemos a ser ricos, famosos, o hasta tener suficiente para darle de comer a nuestra familia, en vez de mirar la comida y la educación como derechos y no regalos.

No elegimos mucho en esta vida. Pero sí podemos elegir como reaccionamos frente a tantas injusticias que vemos en nuestras comunidades y en el mundo. Decidimos también como queremos ver el continente. ¿Quién construye las fronteras? ¿A quiénes las benefician?

Los Chicanos llaman a la tierra donde yo nací no California, pero Azatlan. Cuando Mexicanos como mis bisabuelos cruzaron la línea invisible sin permiso de ningún Estado, ¿no estaban dentro de sus propias tierras? ¿No somos todos una sola América, compuesta de pueblos y comunidades luchando contra las fuerzas que quieren nuestras mentes y manos para producir instrumentos de guerra y de tortura? ¿De personas que no están contentos con solamente comprar más cosas y privatizar todo hasta que solamente las compañías tengan derechos que están respetados?

Yo pasé tres meses en Chile, pero todavía estoy en el continente donde nací. La energía de lucha que sentí en ese país, la llevo conmigo hasta esta parte de América, y voy a seguir colaborando con mis compañeros en Chile, territorio Mapuche, y Venezuela para construir la sociedad que queremos, y no la sociedad que está elegida para nosotros por los explotadores.

Amanda Jordan

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Fotos Encuentro para compartir la Experiencia en Chile

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